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Ajedrez social en México

Fundamentos de la teoría del entrenamiento ajedrecístico

CONCEPTOS BÁSICOS EN EL ENTRENAMIENTO DE AJEDRECISTAS

 

Podría plantearse que el tránsito por el dominio de la técnica ajedrecística hacía la maestría es, por concepto, la formación de una personalidad ajedrecística por etapas escalonadas de definición y perfeccionamiento; para ello, de acuerdo con la teoría del conocimiento la psicopedagogía y la teoría general del entrenamiento deportivo han de quedar claramente definidas las orientaciones conceptuales básicas. Veamos algunas de ellas:

 

Decimos enseñanza por una simplificación imperfecta por que lo correcto es decir enseñanza-aprendizaje, ya que ambos son componentes de un proceso único. Es necesario tener presente que cuando hablamos de enseñanza en realidad no referimos a enseñanza-aprendizaje.

 

Hemos planteado ya que en toda técnica existen modelos de su conocimiento y estos modelos pudieran clasificarse, aunque no con gran delimitación, en básicos, intermedios y superiores. Del dominio de los mismos surge la premisa imprescindible para que puedan ser aplicados en los tres niveles: simple, con adaptación, y con integración creativa.

 

La aplicación simple requiere repetición para que la habilidad. Y es que toda manifestación de habilidad es, por sí, una proyección de forma de rasgo de la personalidad individual. En la aplicación con adaptación, hay que ejercitarse ante situaciones que tienen elementos nuevos, los cuales requieren ser conocidos, comprendidos y estructurados, dentro del modelo a aplicar. Ya aquí, como se observa, se hacen presentes numerosos rasgos personales que deben someterse a un rigor de entrenamiento riguroso, para que se presente la habilidad específica.

 

Por supuesto, el éxito depende mucho de la compresión de la metodología del entrenamiento.

 

Sin pretender hacer repeticiones innecesarias, planteamos que los procesos didácticos presentes en las formas de aplicación del conocimiento requieren llevar un análisis paralelo de aspectos en forma dual entre los elementos desglosados de la técnica y manifestaciones de la personalidad del ajedrecista.

 

Así el entrenamiento ha de pretender que, con planificación y ejecución de actividades positivas, se logre en la aplicación de modelos técnicos la manifestación de los siguientes requisitos:

 

a) Perfección: Referida al resultado concreto de la acción que ha de concordar con los pronósticos cada vez más exigentes de mejoramiento.

 

b) Rapidez: La repetición de las actividades de aplicación, cuando es premisa la ejecución perfecta, debe estar encaminada a acortar cada vez más (hasta  límites previstos) el tiempo de que ha de disponer el ajedrecista para realizarlas.

 

c) Espontaneidad: Tiene que ver con la ejecución correcta y la rapidez, pero se caracteriza por la concentración relajada y la fluidez de resultados positivos, que cada vez más parece efectuarse con mínimo esfuerzo y gasto de energías.

 

d) Resistencia: Cuando en ejecuciones consecutivas de aplicaciones de modelos del conocimiento ajedrecístico se pretende hacer progresiones crecientes en número, reclamando la presencia en todo momento de la perfección, la rapidez y la espontaneidad, podríamos ir desarrollando gradualmente un rasgo muy importante de la personalidad ajedrecística: la resistencia intelectual en cuanto al análisis y el cálculo en ajedrez, controlando los niveles de profundidad de los modelos a aplicar (intensidad) y el número de repeticiones de ejercicios en la búsqueda de soluciones.

 

En el entrenamiento, el alumno se apropia de datos en forma de conceptos y juicios, que se interiorizan no aisladamente, sino en forma integrada, lo cual implica que el alumno-atleta modifica la actitud y contenido de su actividad pensante aplicada a los problemas ajedrecísticos, aumentando con ello su capacidad de solución en las situaciones prácticas, o sea de integración creativa.

 

Se puede afirmar, como dogma de entrenamiento, que existe la necesidad de una concreta dosificación de la relación enseñanza-entrenamiento (ens-ent), ya que cada uno de los niveles o graduaciones en el desarrollo desde la iniciación hasta la maestría requiere una relación enseñanza-entrenamiento determinada.

 

Cuando se está en la etapa de iniciación, los objetivos planteados en las actividades de enseñanza son notablemente aislados, por ello la integración es mínima, de ahí que la relación ens-ent esté máximamente inclinada hacia la primera. Claro, muy pronto comienza el iniciado ajedrecista a integrar conceptos cada vez en mayor medida y la relación empieza a enfocarse hacia el entrenamiento, con lo cual surge una gama de relaciones entre las dos actividades, que en forma general podríamos representar por: x% ens-y% ent.

 

Se puede afirmar que la eficiencia de un profesor-entrenador está en función, principalmente, de determinar con cierta exactitud la relación ens-ent adecuada para cada uno de sus atletas, según su momento ajedrecístico. Si esto no es así, ya tenemos manifiesta una de las causales del desarrollo demasiado lento o del estancamiento del ajedrecista-atleta. Se impone ahora una opinión que no debe ser aceptada pasivamente: “Los programas d contenidos pueden estar bien definidos, pero ello no implica que se pueda definir un programa paralelo de entrenamiento, ya que éste no tiene sentido colectivo (esto se plantea en términos de perfección), depender de la individualidad y del momento ajedrecístico del atleta. En fin, hemos de crear textos específicos para efectuar la enseñanza de los contenidos de cada programa; pero respecto al entrenamiento, no podemos pensar en textos.

 

Lo correcto es aprender técnicas de entrenamiento y la metodología para confeccionar la base material escrita necesaria.

 

Recordemos que el entrenamiento es una integración de elementos simples de progresos cognoscitivos, sicológicos y volitivos que posibilitan el surgimiento de nuevos y más complejos elementos en las esferas de la personalidad, para que sean posibles futuras integraciones más profundas y elaboradas. Las formas deportivas caducan y se desintegran. Así lo contempla la teoría general del entrenamiento, planteándose de ello ocurre de manera que los elementos constituyentes de dichas formas deportivas serán enriquecidos con los entrenamientos específicos y estructurados, más tarde, por el entrenamiento integral, dando lugar a una nueva gama deportiva de mayor nivel de rendimiento. Como casi un dogma, se plantea que cada actividad de entrenamiento debe dar respuesta al siguiente esquema:

 

Objetivo-actividad-control de resultados-evaluación-conclusiones operativas.

 

Recordando y aplicando aspectos tratados en el capítulo de pedagogía, planteamos:

 

El objetivo definirá claramente el contenido y la magnitud.

 

La actividad es la tarea concreta del entrenamiento acompañada de claridad en el método de ejecución.

 

Los resultados son parámetros que cuantifican lo que realmente ocurrió al realizar la actividad.

 

La evaluación es la confrontación de los resultados con los propósitos iniciales previstos.

 

Las conclusiones operativas son los juicios de mejoramiento para posteriores actividades.

 

Los anteriores pasos se convierten en una exigencia disciplinada; brindan, además de los deseados resultados, la necesaria experiencia para perfeccionar la planificación y ejecución de entrenamientos ajedrecísticos, tanto en el entrenador como en el atleta. Por ello, se plantea siempre que éste último participe activamente en el acto creativo de planear el entrenamiento de forma que sus criterios y análisis se manifiesten y sean considerados.

 

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